Una de las cosas más importantes para nosotros a la hora de crear un conjunto de personajes (la Familia Disfuncional, como se me ocurrió bautizarla) es la variedad. En el proceso creativo es muy fácil dejarse llevar por los arquetipos de siempre; no porque estos sean malos o peores, sino todo lo contrario. Porque son fórmulas que sabemos que funcionan, que se asientan sobre una base sólida que el público entiende y recibe de forma más clara. Hay personajes con los que es mucho más sencillo conectar, porque todos hemos jugado alguna vez con uno similar, siendo los más rápidos, los más valientes, los más inteligentes o los más poderosos de nuestro grupo.
Y luego, está Ismail.

No sabría decir cuándo apareció Ismail en mi cabeza, porque tengo la sensación de que siempre ha vivido en ella. Cuando me incorporé a la plalntilla de Corvus Belli y empezamos a trabajar con los que serían los personajes de Warcrow Adventures, supe que quería que estuviese. Puedo decir con solidez que vi hasta su cara, su estatura, sus ojos asustados y el color de su pelo. Lo único que cambió con el tiempo fue su apellido, pero esa es otra historia.
Como master de rol, como jugadora y como creadora, siento debilidad por los personajes poco convencionales. Por aquellos que no quieren destacar, o que directamente no destacan, pero solo quieren sobrevivir y que les acepten en el grupo al que pertenecen. Y aunque la idea de que alberguen en su interior el poder más increíble es tentadora, tampoco me convence. A mí me gustan los personajes que consiguen convertirse en la mejor versión de sí mismos porque se aceptan, porque conocen sus puntos fuertes y sus puntos débiles, y llegar a quererse tal como son.

En eso consiste Ismail, en entender que todos podemos llegar a ser increíblemente útiles si trabajamos con las herramientas que tenemos y no nos empeñamos en ser otra persona, fruto de las circunstancias.

Dejad que os comparta algunos de los secretos de Ismail.
Para empezar, Ismail no apareció solo; nada de eso. Con él, surgió la que terminaría por convertirse en una de las ciudades de la Alianza de Mercaderes: la Ciudad de la Cúpula. Por circunstancias, estoy muy bien familiarizada con las diferentes culturas que han pasado por lo que hoy es Irán (y lo que en historia del arte se conoce como “el Persianato”). Y, por eso, sabía que quería un personaje (y un lugar) que representase una de las culturas que más me gusta: el Persianato en el siglo XV.
La inspiración vino de muchas partes diferentes: la arquitectura de ciudades como Shiraz, Isfahán o Tabriz, los manuscritos ilustrados e iluminados de los ss. XIII al XV, la ropa, el idioma… La Ciudad de la Cúpula se hacía más sólida con cada paso que daba Ismail en el proceso de desarrollo.
Ya sabéis que la parte histórica se ha tenido muy en cuenta para la creación de las naciones de Lindwurm; nuestro pequeño mago no iba a ser diferente.
Aportando el conocimiento que yo traía de los imperios Timuríes y Safavíes, apareció la Ciudad de la Cúpula (o Safawiyya, como la llaman en su idioma local, el rudaki). Esta ciudad se convirtió en el hogar del Observatorio, de los libros de las páginas movientes encantadas, de la astronomía y de la poesía.
Hablemos de nuestro pequeño mago. Su apellido final, Ishraqi, hace referencia a la escuela filosófica de la Iluminación, creada por el filósofo iranio Sohravardi en el s. XI. Por lo tanto, “ishraqi” querría decir “iluminado” o “desprendido de la luz”.

Ismail tenía que ser joven, porque a nuestra familia le faltaba un niño, y 14 años me pareció una edad lo suficientemente avanzada como para que apareciese en un grupo de aventureros, pero no tan adulta como para igualar la veintena de otros tantos miembros de la Familia Disfuncional. Además, es la edad de Shinji Ikari, el protagonista de Neon Genesis Evangelion, así que todo cuadraba.
Con respecto a su poder, yo quería darle una dimensión un poco más humana, y me explico. La mayoría de los personajes se sobreponen a sus inseguridades y son, o se fuerzan a ser, valientes en todo tipo de situaciones. Suprimen el temor. Ismail no, porque es más pequeño, porque tiene un carácter más débil, porque no se ha visto expuesto a nada tan terrible como los Vástagos hasta que pone un pie en Punta Espino. Así, la dimensión más humana de Ismail se convirtió en su arma principal: el miedo. Trabajar con esta mecánica es de lo más interesante, porque podemos aprovecharla dentro de nuestro marco narrativo para que sea funcional, pero con sus condicionantes, sin llegar a ser imposible de jugar.

No podemos olvidar que a Ismail lo acompaña alguien que estuvo muy cerca de convertirse en personaje jugable y miembro de la Familia Disfuncional, pero que terminamos descartando. Así son las cosas en el proceso de desarrollo. No obstante, se mantuvo de forma narrativa y se convirtió en una mecánica. Estoy hablando de Parisa, la silenciosa guardaespaldas de Ismail.
Ahora os daré algunos detalles sobre el diseño visual del chico, cuyo arte conceptual estuvo en manos de nuestro confiable Grégoire Veauléger y cuya ilustración fue obra de Gega Datunashvili.

Los rollos de papel que usa Ismail están inspirados por un talismán islámico, los alherces en español (o hirz en árabe y en persa). Ojo, que no están hechos de pergamino, sino de un papel muy especial. Estos son, en realidad, mucho más pequeños, ya que normalmente se llevan colgando del cuello. En la narrativa, el primero de los que Ismail utiliza es uno que contiene un rollo de papel escrito por su hermano mayor, Vahab, que es la persona que el chico más admira en el mundo.

En la espalda de su abrigo, Ismail lleva el patrón de una shamsha (o “sol ardiente”), que es una de las formas de iluminación y decoración más famosas en los manuscritos persas. Además, en la ilustración final de Ismail, el rollo contiene versos de un manuscrito real. Se trata de una copia del Shah-nameh o Libro de los Reyes, la obra de literatura más importante escrita en persa (los versos son legibles, cosa que personalmente me encantó).
Espero que hayáis disfrutado conociendo un poco más al miembro más pequeño de la Familia, un personaje que finalmente encontró su lugar en nuestro juego.
Ronda relámpago: La familia de Ismail tiene dos gatos, uno blanco que se llama Namak (sal) y otro negro que se llama Felfel (pimienta). Trabor siempre lo llama “ratón” porque es muy pequeñito. Lo único que sabía Ismail de Parisa era que, supuestamente, una vez había abierto una sandía con la cabeza.




