La semana pasada compartimos en el blog la carta de Sylvia Waurda, una pieza clave para entender los acontecimientos que introducen la nueva campaña narrativa de The Last of the Wilds en el universo de Warcrow. Si todavía no la has leído sobre la nación enana que viene a conquistar la mesa de juego, es el momento de conocer Mounthaven.
Hoy continuamos esa historia desde otra perspectiva: el diario de la princesa Olga.
El viaje a las montañas de Gabila ha sido agradable, por más que haya tenido que detenerme en Havraincourt para visitar al rey Odar de Feudom. En la corte conocí a su sobrino: el duque Alban de Arbeneaux. Es guapo y encantador como se dice. Diría que es realmente atractivo para tratarse de un humano.

Ya en destino, en la ciudad de Galaibha, me esperaba Sylvia en la residencia oficial. No quería perder más tiempo sin llevarme a la biblioteca. Así que, con los baúles sin abrir y el equipo sin limpiar, me fui tras ella para adentrarme en los corredores hacia los sótanos donde decía que había encontrado aquello que tanto me iba a interesar. Por el camino la informé de mi visita a la capital feudal. Ella me comentó que Geneviève, la condesa de Silem, es muy amiga del sobrino del rey. Y me ha advertido de que debemos cuidar las relaciones con esta mujer, cuya influencia se extiende, principalmente, por la zona central del reino de Feudom.
La Archivera Mayor me ha recordado la preocupación que se está extendiendo por Mounthaven de que, si no tenemos contenta a Geneviève, esta puede terminar sustituyendo todos nuestros servicios por los de la Alianza de Mercaderes, que están haciéndose de oro gracias a los hegemónicos. Y si parece que las cosas están comenzando a complicarse con el tema de la sal, no quiero ni imaginar lo que pasaría si afecta a otros sectores de la economía del reino.
En cualquier caso, a día de hoy, la condesa de Silem sigue siendo nuestro mayor contacto comercial con los feudales, como clienta, productora y distribuidora. Además, emplea a buena cantidad de enanos en la construcción y mantenimiento de las vías y vagonetas para la cosecha en sus famosos viñedos. Lo cierto es que, si tuviera tiempo, me encantaría acercarme a hacerle una visita y comprobar de primera mano cómo es ese cultivo tan especial de la vid. De hecho, la condesa me ha enviado una invitación para ello, pero tendrá que esperar. Ojalá no se moleste. No creo que haya problema porque, cuando la conocí en su última visita a Brunna, me pareció tan sensata como coqueta. No me extraña que encandilara a mi padre.

Pero mi viaje tiene un motivo muy diferente. ¡Ha sido emocionante moverme entre los estantes con la Archivera Mayor del Reino para dar con el volumen que ahora tengo a mi lado mientras escribo! Sylvia lo encontró referenciado en un inventario antiquísimo de la biblioteca, pero me necesitaba para localizarlo. No era un trabajo que pudiera hacer sola, y, por su título, sabía que me interesaría. Confío en ella lo suficiente para hacerla partícipe de mis tribulaciones. Además, consciente de lo extraño de su datación, no quería arriesgarse a pedir ayuda a otra persona.
Hemos tenido que desentrañar a qué se referían los símbolos en la entrada del inventario, las denominaciones de estanterías cubiertas de polvo o semiderruidas, el número de habitáculo en el que se hallaban los listados de consultas de libros como este para comprobar quiénes habían tenido acceso a él… Sylvia me orientaba y me daba indicaciones con sus notas en la mano, mientras yo subía y bajaba las escaleras, abría cajones de antiguas escribanías, me introducía en los agujeros a ras de suelo donde las ratas habían devorado algún ejemplar… “¡Por favor! ¡Que sea lo que sea que estamos buscando, esté completo!”, pensé. Porque Sylvia no había querido decirme exactamente qué tipo de libro era el que debíamos encontrar. Si es que podrá parecer distante y sesuda a veces, pero quienes la conocemos sabemos hasta qué punto le gusta juguetear…
Cuando yo ya empezaba a estar desesperada y las lumbares comenzaban a doler, ¡lo encontré! ¡Era un atlas! ¡Un enorme atlas sobre la geografía de Lindwurm y las criaturas que lo habitan! Su título es el Clásico de las Montañas, los Mares y los Cielos, y fue escrito por Marka Vithmiris. La emoción que sentimos al ponerlo sobre el escritorio e inclinarnos sobre él para abrirlo es indescriptible. Pese a ello, cuando me disponía a pasar la mano por la cubierta para quitarle el polvo, Sylvia me dio un manotazo que casi me hace caer para atrás. “¡Ponte los guantes!”, gritó. Y lo hice. ¡Como para no hacerlo!

Y, después de toda la noche leyéndolo y descubrir con amargura que no está completo, ya que se trata de una copia parcial, y que las ratas se han zampado alguna que otra página, aunque yo no tengo del todo claro que estos sean mordiscos de roedores, he encontrado una referencia a los Cinco Rivjmatta. Y ahora lo primero que he de averiguar es qué es un rivjmatta, y con los datos que tengo aquí no va a ser suficiente. Hoy mismo parto para Brunna. Debo hablar con Hrodreiks. El Decimotercer Ejecutor del Plan Rector seguro que sabe la respuesta.
Este nuevo fragmento amplía lo que ya intuíamos tras la carta de Sylvia y abre nuevas preguntas sobre el destino de sus protagonistas. Si quieres profundizar aún más, no te pierdas el nuevo vídeo que publicamos hoy, donde exploramos esta parte del trasfondo con más detalle.




