La semana pasada compartimos en el blog una página del diario de la princesa de Mounthaven, una pieza clave para entender los acontecimientos que introducen la nueva campaña narrativa de The Last of the Wilds en el universo de Warcrow. Hoy continuamos esa historia con un nuevo día de ese mismo cuaderno.
Hace semanas que no tengo tiempo de escribir ni una línea, pero no quiero dejar pasar más jornadas sin poner en este diario hechos que sé que, en el futuro, formarán parte de la gran historia de Mounthaven.
A estas alturas, y gracias a Hrodreiks, ya sé que los Cinco Rivjmatta son los Cinco Salvajes. Pero esto solo es el principio de todo lo que tengo que contar. ¡Cuánta razón tenía yo en buscar atlas antiguos desaparecidos para hallar ubicaciones que podrían influir a la hora de engrandecer el reino y asegurarnos las victorias!
Tras haber descubierto la existencia de los Cinco Salvajes, aunque en este momento siga sin tener claro qué o quiénes eran, el Decimotercer Ejecutor del Plan Rector me suplicó consultar a los otros Oráculos para averiguar más sobre ellos. Y lo que nos dijeron fue demoledor. Efectivamente, los Cinco Salvajes existieron, y, además, su conocimiento ancestral es necesario para ejecutar el Plan Rector. Incluso nos aseguraron que está escrito que compartirán ese conocimiento con los enanos para nuestra victoria final. Sin embargo, la noticia que nos dejó impactados fue el saber que no queda ninguno con vida. Ninguno.
Se me quedó cara de idiota cuando lo oí. ¿Resulta que había conseguido averiguar la existencia de los Cinco Salvajes y que resultan primordiales para la consecución del Plan Rector para luego enterarme de que están muertos? Yo me quedé perpleja, pero, madre mía, cómo se puso Hrodreiks. Diría que colapsó. Comenzó a gritar que el Plan Rector no puede estar equivocado, que hay que encontrar una solución, que este es un punto de inflexión que puede cambiarlo todo... Y, después de la indignación, se sumió en la aflicción. La verdad es que no lo culpo.
Yo me preocupé. ¿Cómo no hacerlo? Pero soy la princesa de Mounthaven y mi autoconfianza es inquebrantable. Lo solventaríamos. No sabía cómo, pero lo solventaríamos. Y no me equivoqué.
Después de aquello, seguí con mis obligaciones, y, entre ellas, no podía faltar aprovechar para limpiar algún rincón del reino de la presencia de los Gorros Rojos. No sé muy bien por qué, pero cada vez se muestran más activos, y ahora resulta muy fácil encontrarlos en cualquier sitio revoloteando y pegando chillidos como un enjambre. Mi padre dice que esto pasa desde que los comanda Nuada, una presencia del antiguo Imperio elfo cuyo nombre siempre recalco que debe inquietarnos, porque Nuada será imbécil, pero posee una inteligencia privilegiada. En cualquier caso, si los Gorros Rojos no fueran perfectos para mantener al ejército de Mounthaven en forma desde hace generaciones, serían un auténtico incordio.
Fue en esa última escaramuza librada contra ellos cuando me llevé la sorpresa de mi vida. ¡El atlas de Marka Vithmiris no es el único que hace referencia a los Cinco Salvajes! ¡Hay otro libro! Cuando en plena contienda distingo a un Engullidor apretando contra su cuerpo un libro marrón como si le fuera la vida en ello, fui de cabeza a por él. Conseguí arrebatárselo y, al leer el título, se me cortó la respiración. Era un ejemplar titulado Maravillas de la Creación, una cosmografía escrita por un tal Qazvini, que en algún momento de la historia estuvo guardada en la desaparecida Biblioteca del Corazón.
Mi ansiedad era tal al verme con aquel volumen entre las manos, que lo leí allí mismo, rodeada de los cadáveres rojizos de esas pirañas con patas de las que enseguida dimos cuenta. Estaba fascinada por las palabras de Qazvini, intuyendo que el Plan Rector había tejido los hilos del destino para que yo, la primogénita del Gran Monarca, estuviera en aquel lugar en el momento oportuno. Y entonces, entre sus páginas, descubrí una referencia a los Cinco Salvajes que lo cambió todo. Porque Qazvini asegura que todavía hay uno vivo. Y, si eso es así, el Plan Rector no está equivocado.
El autor de Maravillas de la Creación dice que el último de los Salvajes se llama el Susurro de la Cueva. Comenta que se encuentra en Ghar, una caverna costera situada al oeste de Brunna, cuya entrada permanece oculta. Al parecer, la clave para hallarla está en los ojos de un dragón. Y si se localiza la morada de este, hay que presentarle respeto para conseguir la información y dar con la ubicación exacta. Obviamente, ya no hay dragones en Lindwurm, así que esto tiene que ser una metáfora que utiliza el tal Qazvini, porque me da la sensación de que escribe para darse un poquito de importancia (ya discutiré esto con Sylvia, a ver qué opina).
En cualquier caso, ahora, tras compartir las buenas noticias con Hrodreiks (que se ha llevado una alegría descomunal) y preparar una partida de mis soldados más leales para que nos acompañen, estamos listos para poner rumbo al oeste. Con el espíritu renovado y las indicaciones de Qazvini en el bolsillo, voy a la búsqueda del último de los Cinco Salvajes. ¡Salvaré a mi nación y seré la gobernante más reverenciada de la historia de Mounthaven!
Este nuevo fragmento escrito por Silvia Pato resuelve algunas incógnitas que se planteaban en el capítulo anterior. Si quieres profundizar aún más, no te pierdas el nuevo vídeo que publicamos hoy, donde exploramos esta parte del trasfondo con más detalle.
Y si todavía no la has leído sobre la nación enana que viene a conquistar la mesa de juego, es el momento de conocer Mounthaven.







