Textos de Silvia Pato y Rodrigo García Carmona.
Durante generaciones, los Sÿenann se han mantenido fieles a un código de conducta inflexible basado en sus tradiciones: el vínculo con el árbol Sÿena que se les asigna al nacer, la horizontalidad de la organización de una sociedad en la que todos son iguales, el entrenamiento y condición de guerrillero de todos ellos, la justicia común que se imparte en el Gran Bosque y las posesiones que cada uno puede tener, las cuales debe poder portar consigo.
Si hay algo que caracteriza a esta sociedad de letales guerreros es que en el Gran Bosque nadie es más que nadie. Por ese motivo no tienen ni emperadores ni reyes ni príncipes. Los sÿenann aprendieron tras la caída de Gae Assail que es peligroso poner el poder en manos de unos pocos, que pueden corromperse abrazando la doctrina oscura. Los sÿenann aceptan y valoran por igual a cualquiera de los seres vivos del Gran Bosque sin reparar en sus diferencias. Todos son fruto de las mismas arboledas, beben de las mismas aguas, se nutren con similares alimentos y se enfrentan cada día a idénticos peligros para sobrevivir.

No son un pueblo en decadencia. Después de todo, los sÿenann se retiraron a los bosques para vivir en paz y han vivido una dura sequía de su natalidad durante siglos. Pero ahora que la Warcrow vuelve a crecer en el cielo, los nacimientos han ido aumentando, así como la aparición de nuevos árboles Sÿena, tanto en el Gran Bosque como en otros lugares del mundo. La necesidad de protegerlos ha obligado a los elfos a salir del Gran Bosque para anexionar los territorios en los que aparecen, lo que ha provocado conflictos con otras naciones que no entienden este comportamiento, caprichoso a sus ojos.
El Gran Bosque

Vientos de Cambio
Los sÿenann siempre han procurado vivir en armonía con su entorno, evitando relacionarse en la medida de lo posible con otras razas. Pero ahora todo es diferente. Soplan vientos de cambio y no son ajenos a ellos. Cada día, la presión sobre las lindes del Gran Bosque se incrementa.
Las tropas de Feudom empujan, deseosas de servirse de las cualidades únicas de la madera de sus árboles para fabricar armas, obsesionadas también por hallar las reliquias de sus diosas Luna.
Por su parte, la Hegemonía de Embersig, un imperio con un insaciable apetito expansionista anhela ocupar el Gran Bosque y desvelar los secretos que encierran sus tupidas y misteriosas arboledas, sin duda, azuzados por los elfos aestari que integran su milicia, desertores y traidores de su antigua raza.

Además, las tribus del norte han regresado al continente desde las Tierras Boreales con la intención de recuperar las tierras de las que fueron expulsados hace siglos. Y aunque todavía no se ha producido un enfrentamiento realmente serio con los sÿenann, estos se están preparando para ello. Saben que solo es cuestión de tiempo.
Por si todo eso no fuera suficiente, el Gran Bosque, que había permanecido protegido e inalterable ante la presencia de la tenebrosa Niebla que aguarda expectante para engullir Lindwurm, ha comenzado a presentar brechas en lugares como el Bosque Sin Retorno. También se han reportado avistamientos de criaturas deformes cubiertas de brea en todas y cada una de las nueve áreas del Gran Bosque, señal inequívoca de que sus defensas comienzan a debilitarse, lo cual ha provocado diversos enfrentamientos contra terroríficas criaturas salidas de la Niebla.
Vientos de guerra
Hay que ir a por ellos
En los últimos tiempos ese pensamiento se repite como un eco en la mente de los Sÿenann. Ha sido la Niebla, hasta ahora contenida, la que al abrir brechas por los lugares más vulnerables del Gran Bosque ha hecho que los Sÿenann reaccionen para defender lo que es suyo a toda costa. Aún conservan el recuerdo de quien se esconde en la Niebla y la amenaza que supone. Todo ese cúmulo de enemigos y amenazas ha estallado de tal modo que tienen la obligación de pasar a la acción y honrar el espíritu de los elfos del fulgor, de quienes son herederos.
No hay otra opción. ¡Hay que ir a por los mente oscura, a por todos y cada uno de ellos, por más que algunos de los que habéis hablado aquí sigáis creyendo que, en su día, fueron exterminados! Pero las pruebas son irrefutables: ataques, engendros, debilitamiento de las fronteras del Gran Bosque… Todos traéis historias de lo que está sucediendo ahí fuera, en las regiones de los Nueve Linajes. Y aquellos que decís no haber visto nada, ya lo haréis. Entonces recordaréis mis palabras.
Porque han vuelto. Su rastro es inconfundible. Y si alguno de vosotros titubea ante lo que pueda suceder, dejad esas dudas atrás. No hemos de arredrarnos, ahora somos mucho más fuertes. No olvidéis que su arrogancia no les permite imaginar que, de nuevo, les haremos frente y volveremos a liquidarlos uno a uno, deleitándonos con sus gritos y con las aberraciones de su mácula, intensificadas por los intentos desesperados de batirnos, exasperados al comprobar que es imposible vencernos.
Y aunque los mente oscura sean lo más importante y el principal de los objetivos del que hemos de ocuparnos, creedme, no serán los únicos. Fijaos en esos desgraciados de la Hegemonía que integran en sus tropas a los corruptos aestari, vergüenza de nuestra antigua raza, y en los fanáticos de Feudom, a los que tendremos que arrebatar los objetos élficos que nos pertenecen, arrancándoles la piel a tiras si es necesario. Por no hablar de los orcos y varank, despreciables y apestosos seres inferiores que se creen con derecho a pisar de nuevo una tierra de la que fueron expulsados; o de Mounthaven, avariciosos y rastreros enanos que ya están tramando cómo obtener beneficio de nuestros bosques y sacar tajada de un Lindwurm en guerra.
Recordad que, como los legítimos herederos de los elfos del fulgor, solo nosotros podemos limpiar el mundo de la pestilente presencia de los mente oscura, eliminar al resto de las alimañas, despejar la Niebla y devolver de nuevo la luz a Lindwurm.
Discurso de Neakail, Gran Capitán de Eadhar, ante el Consejo Supremo reunido en Nemed (Maevhan).




