Empujadas hacia el sur por un peligro funesto desconocido, las Tribus del Norte han forjado una alianza con la que se disponen a arrasar las tierras civilizadas del continente, provocando una marea de muerte y destrucción a su paso.
En anteriores artículos de este blog, ya conocimos a los varanks.
Hoy es el turno de los orcos, los otros protagonistas de esta alianza.
Orcos
Un señor de la guerra vale aquello que toma con su lanza.
Nadie olvida jamás la primera vez que se enfrenta a un orco, y mucho menos si es en un campo de batalla, pues son los depredadores supremos.
Los orcos son humanoides muy grandes y robustos, con espaldas anchas y fuertes. La postura de un orco siempre sugiere a un cazador a punto de abalanzarse sobre su presa. Todo en ellos transmite que están en la cúspide de la cadena alimenticia.
Pero los orcos no son bestias; se trata de seres con una inteligencia que les permite erigirse en los superdepredadores que son, solamente igualados por los grandes y poderosos varank. Bajo su aspecto fiero, ocultan una astucia asombrosa.

Los orcos rara vez fallan. Empiezan a participar en la caza y el combate a edades muy tempranas. De esta forma, cuando alcanzan la edad adulta ya se han convertido en depredadores expertos que no dudan en el momento de atacar y que despedazan a su pieza en menos de lo que tarda una gota de lluvia en tocar el suelo.
Como guerreros, valoran por encima de todo la proximidad física a la hora de tomarse una vida, y las armas que escogen para hacerlo son reflejo de ello. Cuanto más veterano es un orco, menor es el alcance del arma que porta.
Matar a un enemigo cara a cara se considera un honor, tan cerca como para percibir el último aliento de aquellos a quienes quitan la vida. Por eso, un buen orco acaba siempre cubierto de sangre, aunque ni una sola gota sea suya.
A partir de los diez años, saltan al campo de batalla en unidades conocidas como los Cachorros, grupos supervisados que emplean arcos para atacar a sus presas desde la distancia. Superada esta etapa, cazan en solitario y con grandes lanzas y jabalinas.
Los orcos adultos, por su parte, empuñan armas pesadas y escogen terrenos difíciles que les favorecen para atacar a sus objetivos como humedales, puertos de montaña o desfiladeros.
Huargos
Los orcos tienen una profunda relación con los huargos, los enormes lobos gigantes con los que cazan, los cuales producen cierto rechazo en los fieros guerreros varank, pues los relacionan con la muerte. Pero los orcos han creado un profundo vínculo con estos cánidos que les permite formar parte de sus manadas, y son aliados tan valiosos que pueden cambiar el curso de una batalla por sí mismos.
Además, el poder de los Evocadores, sabios orcos capaces de invocar troles de rocas para machacar sin piedad a los enemigos o contactar con sus vidas pasadas para invocar su poder, incrementa todavía más la letalidad de unas tropas que no conocen la derrota.
Honor
Con sus escaramuzas, los orcos no solo buscan obtener recompensas materiales, sino también la gloria y el honor. Así demuestran su potencial, fuerza y superioridad, reafirmando su posición frente al resto. Como consecuencia, la forma de conseguir el botín es tanto o más importante que conseguir el propio botín.
El orco mata como caza el león y suele ser despiadado, pero jamás cruel. Se caracteriza por no dejar nunca a una víctima herida, a diferencia de los varank, quienes disfrutan contemplando como el enemigo se desangra.
Sin embargo, los orcos tienen costumbres un poco vastas, como la de devorar el corazón de sus enemigos más fuertes después de despedazarlos, con la intención de honrarlos y absorber su energía.

Sociedad orca
Los orcos son conscientes de que, al igual que todos los seres inteligentes, son un animal como cualquier otro. Esta filosofía vital les permite tener una consciencia de cuál es su naturaleza y de no atentar contra ella.
Debido a esto, le dan mucha importancia a que cada ser se comporte conforme a su naturaleza. En su caso, un depredador debe cazar y matar, sí, pero también devorar a su presa y no quitar una vida sin una buena razón.
Por eso mismo, los orcos no desperdician el tiempo pensando en el futuro u obsesionados con el pasado. Su preocupación es sobrevivir en el presente.
El carácter igualitario de la sociedad orca es indiscutible. Ningún grupo domina a otro, ni nadie está sometido por razones de religión, politíca, posesiones o raza. Forman parte de enormes familias en las que todos se sienten vinculados por parentesco. Y es que los orcos se reproducen libremente. De hecho, resulta irrelevante a quién corresponde tal o cual descendencia, y las criaturas que vienen al mundo son educadas de manera grupal por toda la tribu.
Su principal medio de subsistencia es la caza. Esto condiciona el establecimiento de asentamientos por el territorio. Sus viviendas están construidas sin intención de perdurar más allá de la temporada que pasen en ellas. En el norte, suelen hacerse unas chozas subterráneas cubiertas de ramas y pieles. En los bosques del sur, construyen cabañas de madera.

La muerte
Los orcos creen en la reencarnación, por lo que no temen a la muerte. Para ellos ésta solo es un paso en una cadena infinita de existencias, algunas muy breves, como la del gusano, y otras casi eternas, como las de las montañas.
Su existencia basada en la lucha
conlleva que la mayoría de los orcos muera antes
de llegar a la vejez. Los pocos que alcanzan esta edad avanzada se sienten desgraciados por haber sobrevivido. Para acabar con este sentimiento, son sometidos a un ritual, presidido por los Evocadores, en el que se les marca como Ya Muertos. Es una especie de funeral en vida, a partir del cual son ignorados por completo por la tribu.
Por eso, en el campo de batalla, los Ya Muertos buscan a los enemigos más poderosos para libr
ar una lucha honrosa que les permita acabar sus días derrotados por un oponente digno.
Ahora ya conoces un poco más a las Tribus del Norte. De todas las naciones sobre las que hemos publicado, ¿con cual preferirías combatir?




